Quiénes somos
Un equipo que se ha remangado antes de asesorar.
Qué es Aprende y Practica
Una empresa de servicios a empresas que mide cómo funciona una organización, forma a sus personas en lo que esa medición revela, acompaña las decisiones que hacen falta para que lo aprendido se use, y vuelve a medir para comprobar que sirvió. Y construye las herramientas que ese trabajo necesita.
Conviene subrayar el orden, porque es donde está la diferencia. El software por sí solo no consigue que nadie cambie su forma de trabajar. Lo que lo consigue es decidir qué tiene que cambiar, acompañar ese cambio y volver a mirar pasados unos meses. La herramienta es un medio, no el mecanismo.
El nombre no es un juego de palabras: es el método. Nadie aprende nada de verdad en un aula. Se aprende cuando se practica, y solo se practica cuando alguien ha identificado antes qué hace falta cambiar y ha facilitado después los medios para que el cambio sea el camino más fácil.
Tres líneas, un solo fin
Diagnóstico
Análisis de la organización, de sus procesos y de las capacidades de su equipo, con instrumentos propios aplicados siempre con el mismo procedimiento, y una devolución que se entiende y se puede usar aunque no se contrate nada más.
Formación
Acciones a medida y de catálogo, presenciales, en línea y mixtas, con diseño de itinerarios, impartición, materiales, plataforma propia y evaluación del aprendizaje.
Trámites y desarrollo
La gestión documental que hace defendible la formación bonificada, y las herramientas propias que soportan todo lo anterior.
El problema conocido de la formación de empresa es que no se transfiere al puesto: se imparte, se evalúa, se archiva el diploma y a las seis semanas se trabaja igual que antes. Ocurre por dos motivos, y ninguno se arregla dando mejor clase: se forma a ciegas, sobre una necesidad supuesta en lugar de diagnosticada, y al volver al puesto los procedimientos siguen premiando la forma antigua de trabajar.
Tres valores, y lo que cuesta sostenerlos
En este orden. Cuando dos choquen, gana el primero. Y cada uno lleva escrito a qué obliga a renunciar, porque un valor que no obliga a renunciar a nada es decoración.
Honestidad
Decimos lo que vemos, aunque no sea lo que se espera oír, y no vendemos lo que no hace falta. Si el problema no se arregla con nada de lo que vendemos, lo decimos también.
La contrapartida: renunciamos a proyectos que podríamos cerrar. Habrá encargos que se caigan en la primera reunión por no haber dado la razón a quien la pedía.
Rigor
Diagnosticamos con instrumentos, no con intuición, y decimos de dónde sale cada afirmación. Medimos antes y después. Si un dato no lo tenemos, lo decimos en lugar de estimarlo por encima.
La contrapartida: renunciamos a la velocidad. Un diagnóstico serio tarda más que una propuesta improvisada.
Practica
Sin tilde, igual que en el nombre de la empresa y por la misma razón: es el imperativo del verbo, no el sustantivo. Nada se da por aprendido hasta que se ha hecho en condiciones reales. Todo lo que diseñamos —una sesión, un informe, una pantalla, un trámite— se juzga por una sola pregunta: ¿esto se va a usar el lunes?
La contrapartida: renunciamos a la formación bonita que llena el aula y no cambia nada, aunque se venda sola.
Qué no somos
- Una academia de catálogo que vende plazas sueltas al precio más bajo.
- Una consultora que entrega un informe y se va.
- Una fábrica de software que programa lo que le pidan sin discutir si hace falta.
- Una gestoría de bonificaciones que tramita cursos que a nadie le importan.
- Una empresa de clima laboral: no medimos cómo se siente la gente, medimos cómo funciona el sistema.
¿Quieres ver cómo trabajamos?
El ciclo completo, fase por fase, y qué recibes en cada una.