Saltar al contenido

Teleformación que aguanta una revisión

Registramos lo que hay que registrar para que la formación sea válida y defendible. Y si un grupo se cae, respondemos.

El miedo que de verdad tiene quien compra

No es que la formación sea mala. Es que no le sirva para bonificar.

La teleformación bonificada tiene requisitos estrictos de seguimiento, conexión y tutoría, y es exactamente donde más proveedores fallan. Cuando una acción se cae en una revisión, la empresa no pierde el curso: devuelve la bonificación y se expone a sanción.

El proveedor que solo impartió ya cobró. El problema se queda en tu casa, meses después, cuando ya nadie se acuerda de aquel grupo.

Qué se registra mientras el curso está en marcha

La bonificación no se justifica con el diploma: se justifica con el rastro que deja la actividad. Ese rastro hay que construirlo desde el primer día, porque cuando llega la revisión ya no se puede fabricar.

  • Conexiones y tiempo real de trabajo. Cuándo entra cada participante, cuánto tiempo dedica y por qué contenidos pasa. Es el dato que sostiene todo lo demás.
  • Actividad, no solo presencia. Que la plataforma registre una sesión abierta no acredita nada por sí solo. Se registra qué se hizo dentro.
  • Tutoría con rastro. Cada consulta y cada respuesta quedan registradas, con su fecha. La tutoría es una obligación, no un extra de cortesía, y tiene que poder demostrarse.
  • Evaluación del aprendizaje. Las pruebas y su resultado, no una encuesta de satisfacción.
  • Participación suficiente. Se vigila durante el curso que cada persona alcance el nivel de participación que exige la norma, y se avisa a tiempo si alguien se está quedando atrás. Avisar el último día no sirve de nada.

Qué se comprueba antes de presentar

Aquí está la diferencia con la gestión estándar. La gestión estándar responde a «¿está presentado?». Nosotros, antes de presentar, respondemos a «¿aguantaría esto una inspección?».

  • Que la documentación de cada grupo exista, entera y con las firmas que le corresponden.
  • Que sea coherente: que las fechas, las horas y los participantes digan lo mismo en todos los papeles. La mayoría de los problemas en una revisión no son fraudes, son contradicciones.
  • Que sostenga lo que se declara. Si un participante no llega a lo exigido, se dice antes de comunicarlo, no después.

Es una auditoría preventiva, no un trámite. Y tiene una consecuencia incómoda que asumimos: a veces obliga a decirte que un grupo no se puede bonificar. Preferimos esa conversación a la otra.

Y si llega un requerimiento

Lo contestamos nosotros. Es el momento en que se descubre quién tramitó bien y quién no, y no es un momento para empezar a buscar papeles ni para subcontratar a alguien que no estuvo cuando el curso se impartió.

Si un grupo se cae, respondemos. Es el compromiso de esta casa y el motivo por el que la comprobación previa existe.

Por qué esto no se copia en una tarde

Un competidor puede copiar un folleto en una tarde. Lo que no puede copiar es haberlo hecho muchas veces: saber dónde se tuerce un grupo, qué contradicción salta en una revisión y a quién hay que avisar en la segunda semana y no en la última.

De eso trata esta página. No de que impartamos mejor, que también, sino de que lo impartido siga siendo válido cuando alguien lo mire con lupa dos años después.

¿Tienes un plan de formación que justificar?

Cuéntanos cómo lo estáis llevando ahora y te decimos qué se sostendría en una revisión y qué no.